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  • Estrella Gómez

“DEJAD QUE LAS Y LOS NIÑOS SE ACERQUEN AL ARTE”

Actualizado: hace 5 días


Me gustaría comenzar compartiendo mi experiencia con Raúl, un alumno de edad preescolar que tuve un par de años atrás. Raúl era un niño reservado, sus participaciones se apegaban a lo solicitado y en la medida necesaria, lxs niñxs lo buscaban para jugar porque atendía las reglas, por lo tanto era confiable y divertido jugar con él. A partir de un momento, la actitud de Raúl fue distinta; se le veía apático, sin interés en la clase, ya no aceptaba las invitaciones para jugar y era más callado de lo habitual. Había ocasiones en las que me acercaba a él para preguntarle cómo estaba, si se sentía cómodo con las clases, con sus compañeros o en casa; sus respuestas cortas siempre indicaban que estaba todo bien. Al finalizar las clases me acerqué con sus tutores para encontrar alguna razón de su cambio de actitud, pero tampoco obtuve información significativa. Fueron días después que pude saber lo que le ocurría a Raúl, gracias al teatro o también conocido en la pedagogía como juego simbólico, donde la o el infante es capaz de combinar hechos reales e imaginarios, recreando situaciones ficticias como si estuvieran pasando realmente, donde pueden convertirse en personajes y los objetos cobran vida a su imaginación.


La actividad era sencilla, re-significar un objeto en varias cosas, en este caso era un pañuelo. Se comenzó por convertirlo en cosas divertidas que estimularán el juego y la relajación, lo convertimos en una fruta, en un instrumento musical, en un bebé, en un pañal, entre otras cosas; después se propuso una imagen con una pregunta estimulante para completarla, por ejemplo: “es un helado ¿de qué sabor es el tuyo?, ¿Sabe rico?”; por último, se dio una imagen para completarla con la experiencia personal: “es un celular, sólo puedes hacer una llamada, así que piensa bien a quien llamarás (hacen la acción) ¿A quién llamaste?”, “ponlo enfrente de ti, es esa persona que necesitas abrazar, abrázalo, abrázala”. En ese momento vi a Raúl abrazar el pañuelo fuertemente con los ojos cerrados y lágrimas en sus mejillas, me acerqué y con una voz baja le pregunte: “¿A quién abrazas Raúl?” y me contestó: “a mi primo”.

Raúl tenía 5 años, había vivido con su primo desde que tenía 1 año, se habían criado como hermanos, ya que por situaciones familiares los padres de su primo no podían hacerse cargo de él, 4 años después lo reclaman, se lo llevan a otra ciudad y abruptamente Raúl dejó de verlo. Cuando somos niñxs -incluso de adultos- tal vez aún no desarrollemos todas las habilidades que nos permiten comunicar y comprender lo que sentimos, pero SENTIR ES INEVITABLE; la alegría de ver a alguien otra vez, el temor de algo nuevo, el enojo por la injusticia y, como en este caso, el dolor de una pérdida; si no se comunican de una u otra manera esas emociones van buscar la manera de drenarse, si no es con palabras será con manifestaciones y justo ahí es donde radica la pertinencia de las artes en edades tempranas, y entre más temprano mejor.

Las artes, también referidas como manifestaciones artísticas, son justo eso, una manifestación de lo intangible a lo tangible, comunicar un mundo interior al mundo exterior. Esa comunicación puede ser a través del cuerpo, el movimiento, sonido, forma o color; quitando las barreras de la racionalidad y el lenguaje verbal.


En México, como en el mundo, poco a poco las artes han ido tomando su lugar en la formación integral de los individuos y se ha visto reflejado en los últimos planes de estudio de la educación básica, donde se han reconocido sus aportaciones en el desarrollo personal y social, como la capacidad de reflexionar sobre sí mismo, estimular un pensamiento crítico, la adaptación al cambio, el manejo de la incertidumbre, la exploración de lo incierto, la resolución de problemas de manera innovadora, la aplicación de un juicio flexible en la interpretación de diversos fenómenos, el trabajo en equipo, el respeto, la convivencia armónica, así como la exploración del mundo interior. Sin embargo, aún se siguen confundiendo las artes con manualidades, coreografías y réplicas de obras tradicionales, donde lo importante es un resultado y carecen de una manifestación o expresión interna por parte de los y las infantes.


Si bien es cierto que la expresividad y el juego simbólico se pueden dar de manera natural en los primeros años, también es cierto que en el caso de Raúl, al experimentar una situación diseñada objetivamente, le dio la oportunidad de que tuviera impacto en su contexto inmediato, ya que su mamá le explicó la situación que pensaba que por ser un niño no lo iba a notar y se contactó con su primo, pero lo más importante es que pudo desprenderse de las barreras que le impedían comunicarse y ser escuchado a través de una manifestación artística; y, muchas veces, no encontrar los recursos para expresarse puede resultar en una manifestación dañina, que muy probablemente iba a continuar más allá de su infancia como en muchos casos, lo que nos trae daños colaterales como sociedad.


La importancia de hacer y apreciar manifestaciones artísticas ya no es un debate, en México es parte del perfil de egreso de la educación básica y un derecho en la Ley General de Cultura y Derechos Culturales, siendo responsabilidad de tutores, docentes y comunidad en general exigir, fomentar y brindar esas oportunidades.



Estrella Gómez


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