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  • Gilberto Corrales

Hacia un teatro pos pandemia

Actualizado: hace 5 días


Cuando los escenarios claudicaron ante la inminente pandemia, algo en el arte escénico cambió para siempre. Podemos entender que las artes en vivo requieren del convivio, en un mismo espacio, de los cuerpos de lxs artistas y de lxs espectadorxs, para que estas artes puedan estar contentas dentro de su conceptualización; sin ponerse nerviosas de que se les confunda con medios audiovisuales, como el cine o la televisión.


Pero, ante el estado de emergencia que enfrentamos y la imperiosa necesidad del aislamiento social y, por lo tanto, el cierre de los teatros y la prohibición de eventos masivos, esa crisis laborar silenciosa y asumida con resignación por el gremio de artistas, llegó a convertirse en la pesadilla más insoportable que podíamos imaginar.


La situación ya era precaria, pero imagínense lo que representa para el sector cultural que sea considerada de las actividades económicas menos esenciales: además de ser una afrenta contra su sentido y su pertinencia, es una provocación.


Lxs artistas de todo el mundo emprendieron su búsqueda, algunxs desde la reflexión personal, desde el diálogo entre pares, y otrxs desde la acción. Aunque algunxs se frustraron o se sintieron limitadxs por sus paradigmas estéticos, y anunciaron el fin o la muerte del teatro, hubo quienes se aventuraron, más bien, a preguntarse cómo sí se podía seguir haciendo teatro en la nueva normalidad, en el nuevo mundo que, empujado por la pandemia, aceleró su ya anunciada digitalización.


Lxs artistas son esos seres con vocación revolucionaria e innovadora, con una mente creativa, reflexiva y muy curiosa. La misión, utilidad u objetivos dependen de sus respectivas filosofías artísticas, pero su labor nos permite siempre reconocernos como individuos, encontrarnos ante la revelación de lo más real de la realidad, reflejarnos como sociedad e imaginarnos otros futuros posibles.


Ya se habían visto cuestionadas las estrategias del teatro para vincularse con su entorno. La crisis de públicos ya existía y ya nos preguntábamos en qué momento el público dejó de sentirse representado por el arte de nuestro tiempo, o si debíamos resignarnos a que los bienes culturales y artísticos fuesen excluyentes.

Pero, con el confinamiento, lxs artistas escénicos ya no pudieron hablar con la seguridad de ser escuchados: el público ya no estaba cautivo frente a un escenario, obligado a quedarse hasta el final, sino inmerso en un mar de opciones de contenido y entretenimiento a través del internet. Y, ahora, después de la pandemia, ¿seremos lxs mismxs?, ¿cambiaron las condiciones o los intereses?


Es por eso que ahora se apertura la innegable invitación urgente por replantear el significado de las palabras “teatro” o “arte escénico”; ajustar las formas para responder a las dinámicas sociales actuales y que, como ha sucedido siempre, el arte pueda seguir reflejando lo real de la ficción en la que vivimos, y que el encuentro escénico siga permitiéndonos experimentar la transformación que necesitamos.


GILBERTO CORRALES



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