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  • Annya Katerina

Por la madriguera del Arte


El gato con una peculiar sonrisa no pudo darle si no la mejor respuesta a la chiquilla que preguntaba con gran desesperación a dónde debía de ir: ̈ Si no sabes a dónde vas, cualquier camino te llevará ahí ¨. Para alguien perdido, siempre hay una ruta a donde pertenece, y para esa niña había todo un camino que navegar.




Cuando decidí refugiarme en las artes fue por convicción, pero también una caída por una madriguera que me llevó hasta una pequeña biblioteca donde encontré un espacio que me llenaba de paz, entre pinturas y teatrinos, era feliz. Pero como los caminos no tienen una señalética ejemplar, fuí a dar a muchos otros espacios que en lugar de alejarme, me impulsaron a ver más allá de las cosas. Estar entre varias personas, en casas desconocidas, de varias edades, en oficinas, salones de clases; me volví observadora.



Poco a poco, entre las horas del té y las circunstancias, me encontraba pintando sueños y manzanas, danzando avergonzada de mis pies izquierdos y mi timidez, cantándole a los ecos de las tardes después del colegio, imaginando escenas de grandes tormentas. Si me preguntan, mi imaginación y la soledad se hacían amigas mientras me descubría. Pasé años tratando de resolver qué debía hacer de todo lo que me conformaba, sentía que renunciaba a algo.


Deseaba que el tiempo se detuviera y nunca más corriera, pero cada vez la madriguera y los vestidos me quedaban más pequeños. Me dí cuenta que ya no podía huir de mi propio reflejo que me gritaba que tomara una decisión porque el reloj seguía corriendo. Y lo hice. Me abalancé al espejo y me sumergí en la más aterradora e increíble aventura: Vivir persiguiendo al Arte.


Estando aquí pude ver todo el vasto jardín de artistas que se regocijan en diferentes historias, teorías y técnicas, pero continúan al igual que yo, topándose de vez en cuando a una oruga un tanto curiosa y a un gato que no facilita las decisiones. La capacidad de observación y de haber conocido diferentes perspectivas me ha ayudado a interpretar mejor lo que me dice mi conciencia, mi ̈ Pepe Grillo ̈ -aunque sea de otro cuento- y que al estar en cualquier laberinto, sé que debo respirar y seguir avanzando.


A veces todavía recuerdo una figura gritando: ¡Córtenle la cabeza por jugar a ser bailarina!¨. Estoy segura que hace años dejé de jugar para serlo realmente, para volverme la artista que aspiro ser. El gato tenía razón. El camino que tomé me ha traído hasta aquí y si tuviera que volver a recorrer cada segundo, lo haría.




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